—Me... cago... —masculló Camilo, sin poder defenderse, sintiendo que hasta el corazón le dolía de la rabia.
—¿No que muy valiente?
—¿Dónde quedó toda esa valentía de hace rato?
Faustino le propinó más bofetadas, dejando a Camilo con la mirada perdida y el labio reventado.
—Camilo, ¿qué te pasa hoy?
—¿Cómo es posible que no puedas con este pueblerino?
—¡Defiéndete, haz algo! —gritó Elena, cada vez más furiosa.
No solo no había visto a Faustino humillado, sino que Camilo no paraba de recibir golp