—¡Cállate! ¿Todavía te atreves a decir que no estás mintiendo? Con tu edad, apenas me llevarás dos o tres años. ¿Qué conocimientos médicos podrías tener?
—¡Puedes comer lo que quieras, pero no puedes hablar sin pensar!
—Julio, por favor, encárgate de enseñarle una lección a este insolente —ordenó la joven, mirando a Faustino con frialdad mientras se dirigía al hombre de unos treinta años que estaba detrás de ella.
—No se preocupe, señorita. Me aseguraré de que aprenda la lección —respondió Julio