Esta guerra silenciosa finalmente llegó a una pausa temporal.
Si podrían dormir o no, eso era otra historia.
—Faustino, ¿qué haces ahí parado? Ve a dormir tú también —dijo Rosalba, quien entendía bien la situación, después de que las dos se fueron. Su expresión mostraba un ligero reproche.
—Entiendo, Rosalba. Me voy a dormir ahora, ustedes también descansen —con Ximena presente, Faustino solo pudo lanzarle una mirada tranquilizadora antes de volver al auto...
La noche pasó así, en medio de la co