—Por ahora no es necesario, Faustino. Gracias por tu buena voluntad —respondió Olya agradecida—. No te preocupes demasiado, ya contactamos a los medios, creemos que pronto conseguiremos el pago. Si no podemos resolverlo, te llamaré.
—Está bien, Olya, cualquier cosa me avisas por teléfono —Faustino no insistió más.
Apenas colgó, antes de poder guardar el teléfono, entró otra llamada.
Una voz emocionada sonó al otro lado:
—¡Ay, Faustino, por fin contestas! Mañana en la mañana llego a casa, ¿me has