Faustino asintió y, con un brillo en los ojos, cambió de tema dirigiéndose a Mariana:
—Por cierto, Oficial Soto, ¿puedo pedirte algo?
—¿Qué cosa? Dime —preguntó Mariana con curiosidad.
—Como a veces estoy fuera mucho tiempo, ¿podrías asignar personal específicamente para patrullar Rosal? Es para que no molesten a Rosalba y las demás cuando no estoy —explicó Faustino.
—¿Ni siquiera necesitabas pedirlo? Ya di esas órdenes, y cuando esté libre, vendré a patrullar personalmente.
—Puedes estar tranqu