Ante tales condiciones...
—Suegro, acepta rápido, ¡que quiero volver a casa a jugar a las cartas! —instó Amaranta sin pensarlo.
—Es verdad, nos han hecho perder varios días, hagamos lo que dice Manolo de una vez. Si seguimos esperando, me va a dar algo —gritó la segunda esposa de Bastián, una mujer de mediana edad de rostro severo.
—De acuerdo, cuando terminemos con esto nos iremos, y no vuelvan a buscarnos para pedir la dote —dijo Bastián a Manolo casi sin dudar.
El hecho de que aceptara algo a