Los vecinos, que no se pierden una, se emocionaron y se quedaron ahí parados sin moverse.
¡Se corrió la voz como pólvora!
En un santiamén, todo el pueblo se enteró.
—Papá, ¡ve a callar a ese viejo loco! ¡Si sigue gritando así, ¿cómo vamos a salir a la calle?—, dijo la nuera de Bastián, furiosa y golpeando el suelo con el pie.
—¡Cómo voy a callarlo yo?!— respondió Bastián, desesperado.
Estaba acorralado, ni podía irse ni quedarse.
De repente, se le ocurrió una idea y se acercó a Manolo para decir