Faustino detuvo sus acciones, tiró los dientes de serpiente y descansó. No era que Faustino estuviera agotado, sino que se había emocionado demasiado durante su arrebato y necesitaba calmarse.
Daniela, tendida a cierta distancia, emitió un gemido ahogado. El dolor la despertó.
—Mmm… ¡Duele tanto!
Daniela inconscientemente limpió la sangre de su rostro. Al ver la enorme y aterradora serpiente, y a Faustino, bañado en sangre, sentado sobre el cuerpo de la serpiente, como un guerrero que había m