—¿Disculpas? No me hagas reír. Eres como el zorro que finge ser bueno con sus presas. Mejor vete a descansar a estas horas de la noche, no voy a beber el trago. Además, siendo el distinguido señor Dante, incluso si te disculparas, alguien de mi baja posición no sería digno de aceptarlas.
Con un resoplido despectivo, se disponía a cerrar la puerta.
Dante sentía un odio profundo hacia Faustino. Jamás hubiera imaginado que incluso humillándose para disculparse personalmente, no tendría ningún efe