Faustino intentó calmar a los empleados: —No se preocupen, encontraré una manera de resolver esto.
En el momento más álgido del alboroto causado por los ancianos, cuatro hombres de mediana y avanzada edad, vestidos con trajes elegantes, se acercaron. Rodearon a Faustino con expresiones hostiles, como si quisieran acabar con él allí mismo, cada uno con un rostro más amenazante que el otro. Faustino, naturalmente, no se intimidó por semejante exhibición y los observó con mera curiosidad.
Ximena