—Pablo, si no quieres morir, ¡atrévete a disparar! —dijo Diego mirándolo con desprecio.
—Diego, ¡ni con diez vidas me atrevería! —respondió Pablo con una sonrisa forzada.
Sabía bien que contra alguien del nivel de Diego, un arma no serviría de nada.
Y Diego estaba fuera de su liga.
No valía la pena enemistarse con dos poderosos como Faustino y Diego por alguien como Samuel.
Viendo el respeto extremo que Diego mostraba, Faustino claramente no era alguien ordinario.
Si actuaba, las consecuencias s