La expresión de Faustino aterrorizó a los matones, quienes nunca habían visto tanta crueldad. La sangre seguía fluyendo de las heridas abiertas. Si la hemorragia continuaba, morirían.
Viendo su miedo, Faustino continuó:
—Claro, pueden seguir negándose, pero tengo otros métodos para hacerlos hablar—dijo, tomando los fragmentos de las cuchillas con dos dedos, simulando girarlas para causar más daño.
Sin esperar a que Faustino actuara, los matones confesaron:
—¡Por favor, señor, tenga piedad!—supli