Los matones, sin tomar en serio a Faustino, comenzaron a discutir sobre cómo disfrutarían con Ximena y cómo aprovecharían su atractivo físico.
Faustino se burló, sin mostrar nerviosismo.
—¿Quién los envió? Hablen y lo harán más fácil—dijo.
Los matones se rieron.
—¿Qué más da si vamos a morir? No necesitas saberlo. Solo prepárate para morir—dijo uno.
—¡Muere!—gritaron, lanzándose sobre Faustino con sus cuchillos.
Faustino, sin inmutarse, avanzó hacia ellos con las manos vacías. Ximena observaba c