—¡Don Jairo, ganamos! —gritaba Billy completamente fuera de sí, perdido todo control sobre sus expresiones, sacudiendo la cabeza frenéticamente como un poseso.
Una pieza tan grande de jade imperial verde perfecto contenía un valor que desafiaba la imaginación.
Susie temblaba tanto que sus piernas apenas la sostenían, mostrando señales de un inminente colapso. Si no hubiera estado en los brazos de Faustino, probablemente ya se habría desplomado.
Los empresarios y espectadores miraban boquiabierto