El color único del jade era tan impresionante que, sin necesidad de un examen minucioso, ya superaba a cualquier otro jade existente.
Fidel se tambaleó inestable, su rostro enrojeciendo tanto que parecía que la sangre iba a brotar por sus poros. Solo apoyándose en una mesa cercana evitó caer al suelo. Con mano temblorosa señaló hacia el jade imperial verde:
—¿Un jade imperial verde de calidad suprema que aparece una vez cada siglo? ¿Cómo es posible? —balbuceó—. ¿Perdí? ¿Con un jade lavanda... pe