—Tu nivel aún no es suficiente, pero viendo tu talento, si aceptas ser mi discípulo, puedo interceder ante don Yeison para que no te rompa brazos y piernas. Solo tendrías que arrodillarte y disculparte —declaró Fidel con aire condescendiente.
Afortunadamente, Fidel no tenía barba, o en este momento estaría acariciándosela como un sabio místico, completando su teatral actuación de maestro iluminado.
Yeison frunció el ceño, visiblemente insatisfecho con la propuesta. Por fin tenía la oportunidad d