—Parece que el jade imperial anterior fue solo suerte de este chico —suspiró la misteriosa mujer—. Esperaba encontrar algunos talentos excepcionales en esta subasta, pero fui demasiado optimista.
Cuando apenas había dado un paso con sus tacones negros para marcharse, el anciano maestro tasador exclamó:
—¡Señorita, espere, mire!
Un grito de asombro recorrió el lugar, y la mujer volvió rápidamente su mirada.
La situación había dado un giro dramático.
—¿Qué? ¿Hay jade en la otra mitad de la pi