—¡¿Qué demonios dices?!—gritó Mateo, poniéndose rojo de la furia al escuchar las palabras de Faustino. Criado en una cuna de oro, siempre había salido con la suya, y jamás se había sentido tan humillado.
— ¿Quieres que me arrepienta? ¡Ni de broma! ¡Eres un malcriado sin educación!
Faustino, viendo la actitud desafiante de Mateo, se abalanzó sobre él y le propinó una paliza brutal. Mateo no pudo defenderse. Fue entonces cuando…
Desde la distancia, se escuchó una voz airada:
—¡Alto! ¡Qué descaro!