Después de que Wendy terminó de hablar, reinó un silencio incómodo en el salón. Todos tenían mala cara, incluyendo a Faustino.
—Señora, ¿tiene alguna prueba de que no soy médico y que voy a matar a alguien?— La mujer de mediana edad era atractiva, pero Faustino no iba a tolerar que lo calumniara. Se acercó con una sonrisa irónica y preguntó.
—Campesino, ¿cómo me llamaste?— Wendy no respondió, sino que gritó. ¡Nunca había imaginado que alguien se atreviera a llamarla señora!
—Eres casi la mitad