Al escuchar las palabras de Nora, Faustino se quedó atónito.
El alcalde controlaba el destino de todos los pueblos, villas e incluso la ciudad. No era comparable al alcalde Federico. Para Faustino, un simple campesino, la figura del alcalde era inalcanzable. Faustino no esperaba que Nora, la hija del alcalde, se arrodillara ante él.
—Señorita, usted es una persona tan importante, ¡cómo puede arrodillarse ante este campesino! ¡Por favor, levántese! —Al ver que Nora se había arrodillado ante Faus