ALEJANDRO
No duermo.
Dormir es un lujo para los hombres que no tienen nada que perder.
Perdí ese privilegio la noche en que mi familia ardió.
Estaba en el balcón, el viento me azotaba el pelo mientras contemplaba las luces de la ciudad. Mis nudillos aún estaban blancos por la presión de haber aplastado el teléfono de Aurora.
Tomé un sorbo lento del whisky, sintiendo el ardor bajar por mi garganta.
Porque cada vez que cerraba los ojos, lo veía de nuevo. El fuego. Los gritos. La sangre.
La mansió