AURORA
El mundo se desvaneció en una oscuridad espesa y asfixiante. Un instante antes, miraba fijamente los ojos desesperados de Alejandro, sintiendo el calor de su mano en mi rostro, y al siguiente, una pesada tela me cubrió la cabeza.
La respiración se me atascó en la garganta mientras la tela me cubría la cara, sumiéndolo todo en la oscuridad.
Di un respingo violento.
—¡Alejandro…! —exclamé con dificultad, pero una mano me sujetó la capucha, silenciándome.
Me empujaron a otro vehículo. La pu