—¡Son niños! —exclamó su madre—. ¿Crees que de alguna manera es mejor para ellos? Han sido buenos niños, Amanda. No lo olvides. ¿Y desahogos como este? Es de esperarse. Deberías entender su intención, no su protesta.
Amanda asintió. Entendía perfectamente lo que decía su madre.
—¿Qué hago, madre? Fui dura. No pude controlarme —preguntó Amanda, sollozando.
—Primero, necesitas dejar de llorar —le palmeó la espalda—. Has sido valiente desde el principio, este no es el momento de permitir que el mi