—¿Dónde está mi hija? ¿Dónde está Amanda? —exigió la señora Roberts, con la voz resonando por la recepción del hospital. Sus ojos se movían de un lado a otro, buscando cualquier señal de su hija. Los niños la rodeaban como oficiales de policía.
—Tranquila, señora. Esto es un hospital, no es necesario hacer ruido —respondió la enfermera de recepción.
—¿Esa es…? —preguntó Jacobo, pero no terminó la frase, pues ya había obtenido la respuesta que buscaba.
—¿La madre de Amanda? Sí —respondió Rowán,