La mente de Rowan iba a mil, luchando con las inquietantes dudas que lo asaltaban.
—No… no… está en mi cabeza. Wilson no haría algo así a Amanda —se dijo a sí mismo.
Tomó la bufanda que había visto antes.
—Algo no está bien —murmuró Rowan, frunciendo el ceño con confusión. Marcó de nuevo el número de Wilson, esperando con desesperación una explicación.
Cuando Wilson no respondió la llamada, Rowan salió furioso de la casa. De camino hacia la salida, se encontró con uno de sus hombres.
El hombre,