—Err hmm —tartamudeó, con los ojos muy abiertos al ver a Amanda allí, sin camiseta, tratando desesperadamente de remediar la situación.
Amanda se quedó paralizada, a mitad de movimiento, su rostro se volvió rojo como un betabel al darse cuenta del compromiso incómodo en el que se había metido sin querer. La habitación quedó en un silencio incómodo.
—Yo… yo no quise —balbuceó Amanda, tratando de encontrar una explicación—. Solo estaba… mirando… y…
Wills seguía señalando su pecho, pero ella no en