Un olor putrefacto había penetrado en mi alcoba, era como si debajo de mi cama estuviera un cadáver en proceso de descomposición. Me levanté para averiguar de dónde provenía tan desagradable peste. Revise minuciosamente sin tener éxito, entré al baño para verificar si venía de ahí, pero todo estaba en perfecto estado; el llamado de mi tía tocando la puerta hizo que abandonase la búsqueda.
—¿Victoria ya estás despierta?— me acerqué y abrí, al hacerlo percibí como el hedor se intensificaba aún má