Una vez que cerré la puerta, comencé a llorar, abracé aquel bosquejo como si fuera mi única esperanza de sobrevivir ante aquel abismo, rogué a Dios para que me enviara luz, le pedí a mi madre que me cuidara y, sobre todo, a Ethan. También le había encomendado a Margot. Esa madrugada había sido larga, pero tenía pavor de quedarme dormida, no sabía qué pesadilla me esperaba.
Por suerte aquella noche no tuve sueños oscuros. Sin proponérmelo me había quedado dormida en las baldosas del baño, agrad