El Gran Salón del Hotel Almirante estaba decorado con opulencia para la gala anual del sector marítimo. Lámparas de cristal de Bohemia colgaban del techo, proyectando destellos de luz sobre los trajes de diseñador y las joyas de la élite empresarial. Entre la multitud, Alejandro caminaba con paso firme, vistiendo un esmoquin impecable. A su lado, Camila lucía un vestido de pedrería verde esmeralda y una enorme sortija de diamantes que, hasta hace unos meses, había pertenecido a la colección p