El pasillo estaba envuelto en penumbras, solo iluminado por la débil luz de las lámparas de pared. Bianca aún sostenía con fuerza la lámpara como un arma cuando escuchó pasos apresurados detrás de ella. Willow apareció, envuelta en una bata de seda blanca, el cabello suelto, pero con esa mirada de víbora que ya no podía ocultar.
—¡Cómo te atreves, Bianca! —chilló con la voz desgarrada de furia—. ¡Cómo te atreves a levantarle la mano a mi esposo! ¿Acaso no ves que está ebrio? ¿No tienes compasió