—¿Imagen descuidada? Pasé la noche entera bajándote la fiebre porque estabas delirando, Alessandro. Te cuidé, al menos esperaba recibir un gracias de tu parte. Pero ya veo que tu orgullo te impide ser agradecido.
Él se levantó, ignorando el ligero tambaleo de sus piernas, y caminó hacia ella. Su altura volvía a ser una herramienta de intimidación.
—No recuerdo haberte pedido que fueras mi enfermera. Si lo hiciste, supongo que fue por un sentido del deber hacia el padre de tus hijos, o quizás pa