El murmullo del motor del coche negro deteniéndose frente a la entrada principal marcó el inicio de la tarde. Audrey, que había pasado las últimas horas sumergida en un mar de dudas frente a su ordenador, se enderezó de inmediato. El sonido le recordaba la eficiencia milimétrica de Alessandro; él no estaba en el país, pero su control permanecía intacto a través de cada detalle, incluyendo el chófer privado que había asignado exclusivamente para los gemelos desde el primer día. Era un recordator