El impacto la pilló tan desprevenida que sus pies resbalaron en la hierba húmeda. Audrey soltó un jadeo, sintiendo que el equilibrio la abandonaba y que el suelo se acercaba peligrosamente. Pero antes de que pudiera caer, dos manos grandes y fuertes, como tenazas de acero, la sujetaron por la cintura.
Alessandro la atrajo hacia sí con un reflejo felino, pegando el cuerpo de ella contra el suyo para estabilizarla. El contacto fue electrizante. Audrey pudo sentir el calor que emanaba de él, la du