Tras una breve pausa, Althea tomó aire y se decidió a hablar.
—Señora Yoshida, lamento si esto parece repentino —dijo con voz vacilante. La incertidumbre en su tono era obvia, pero ya no podía seguir guardándoselo.
Su corazón había estado inquieto por demasiado tiempo, especialmente en lo que respectaba a Josh, su hijo. No podía permitir que ocurriera algo para lo que no estuviera preparada.
Al notar su duda, Yoshida se inclinó un poco hacia ella con un tono tranquilo y acogedor.
—¿Hay algo que