—¿Es aquí? —preguntó Daven mientras se ajustaba el saco tras bajar del auto.
En cuanto bajó, sus pasos se detuvieron. Su mirada se demoró en el edificio de colores pastel frente a él: el techo naranja suave, la cerca de madera azul cielo y los murales caprichosos que cubrían las paredes exteriores. Había dibujos de un arcoíris, un manzano sonriente y pequeñas huellas de manos estampadas por todos los ladrillos pintados.
Algo se agitó en su interior. Sin darse cuenta, la comisura de la boca de Da