—Te voy a extrañar muchísimo —dijo Grace, con lágrimas contenidas que le humedecían los ojos.
Desde la mañana no se había separado de Naomi. Antes, incluso había logrado convencer a sus padres de retrasar la partida. Sin soltar a Naomi, se volvió hacia Lydia y la miró suplicante.
—Vas a volver a casa, ¿verdad, tía Lydia? Sabes que la abuelita y el abuelito te extrañan.
Lydia, sentada a su lado, solo pudo reír.
—Claro que los visitaré. Tal vez el mes que viene.
—¡Sí! —exclamó Grace y se le ilumin