La oficina de Don Falcon ocupaba el piso más alto de la mansión, con vistas a una franja de la ciudad que parecía pequeña a través de los enormes ventanales. Pero esa mañana nadie en la habitación se atrevía a apreciar la vista. El aire pesaba, cargado de una presión que emanaba del hombre sentado tras el reluciente escritorio negro.
Falcon revisaba varios expedientes como si no ocurriera nada importante. Su camisa blanca estaba impecable, el saco oscuro colgaba del respaldo de la silla y una ta