Cale se colocó detrás de Lydia y la rodeó con los brazos sin que ella opusiera resistencia. Apoyó el mentón en su hombro. El perfume de Lydia le llegó suavemente, y Cale cerró los ojos un momento.
—Porque siempre estamos ocupados.
—Sobre todo tú —murmuró Lydia.
—Lo sé.
Lydia giró un poco la cabeza. Cale estaba muy cerca.
—Entonces —dijo Lydia en voz baja—, ¿hablas en serio con lo del mes?
Cale la miró.
—Sí.
—Vamos a tener mucho que hacer en cuanto le cuentes el plan a tu familia.
Cale le dio un