—Creo que ensayaron juntos la escena. Ese maldito doctor es bastante convincente poniendo esa cara de lástima —murmuró Cale.
No apartaba la mirada del cuarto de control que tenía enfrente.
El cuarto, en el segundo piso de la cadena de televisión, estaba iluminado por el resplandor de decenas de monitores. En la pantalla principal, la transmisión en vivo seguía mostrando la cara de Noel Abraham. El contador de espectadores no dejaba de subir, y la cintilla repetía una y otra vez la misma frase.
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