—Mejor quédate en tu cuarto, Eli —le advirtió Selena al pasar frente al dormitorio de su hija.
Esa mañana, Eli seguía negándose a salir. Cuando Selena le pidió que la acompañara a desayunar, la niña ni siquiera discutió; se negó en voz baja. En otras circunstancias, esa negativa la habría enfurecido. Pero Harold le había prometido que ese sería el día en que caería la familia Callister, y esa expectativa bastaba para mantener su temperamento a raya.
—Sí, mamá —respondió Eli.
Después, Selena se o