—¿Por qué actúas como si fueras una carga para mí? —le había dicho su amiga—. Solo concéntrate en recuperarte por el bebé, ¿sí? No te preocupes por mí. Estoy aquí porque quiero.
Así era Lydia: terca, incansable, pero siempre presente. Y aunque su fuerte personalidad a veces le daba dolor de cabeza a Althea, estaba agradecida de tenerla a su lado.
Sin embargo, había momentos de silencio en los que Althea se perdía en sus pensamientos. Como ahora.
Sentada al borde de la cama, apretaba con fuerza e