Daven dejó escapar un gruñido contenido y sus labios buscaron el cuello de ella. Una vez más, sus miradas se encontraron a través del espejo. Althea percibió el inmenso amor en sus ojos, un amor reservado solo para ella. Y cuando Daven dijo: “Yo también soy tuyo, cariño”, lo sintió asentarse en lo más profundo de su ser.
En un solo movimiento, el nudo del kimono se deshizo. Daven contuvo el aliento al ver el cuerpo de Althea reflejado nítidamente en el espejo.
—Hermosa —murmuró con suavidad—. No