El cielo de GreenVilla ya se había vuelto negro como tinta cuando el auto que las trajo a casa se detuvo frente al vestíbulo del edificio. Selena bajó sin decir nada. Eli la siguió, pero antes de salir del todo del auto se detuvo a dar las gracias en voz baja.
El señor Smith inclinó la cabeza y le deseó buenas noches a la niña educada, casi adolescente.
—¿Por qué te tardaste tanto allá atrás? —preguntó Selena mientras entraban al ascensor.
—No es nada —respondió Eli con sequedad. Forzó una sonri