—Mamá —llamó Josh mientras bajaba las escaleras casi corriendo, con un cuaderno de dibujo gigante bajo un brazo y una caja de crayones bajo el otro—. ¿Qué vas a hacer de cenar?
Se acercó por detrás mientras ella todavía sazonaba el pollo y le dio un beso rápido en la mejilla, como si con eso bastara para que le contestara.
—Tu favorito, pollo rostizado —respondió ella con una sonrisa.
—¡Qué bien! Haz también jugo de naranja, por favor.
Althea asintió enseguida.
—¡Hazme a mí también, mamá! —gritó