—Tranquila, Lydia. No estás corriendo un maratón —dijo Cale desde atrás, riendo a medias mientras la veía avanzar con cuidado apoyada en el bastón.
—No necesito un entrenador personal comentando cada paso que doy.
—No estoy comentando, te estoy recordando lo que tienes que hacer.
—¿Cuál es la diferencia?
—Mi versión suena más cortés.
Lydia se volvió hacia él con un gesto entre molesto y divertido.
—¿Sabes algo, Cale? A veces creo que vienes solo para fastidiarme.
—Eso es un extra —respondió con