—¿Hace falta que me despida? —preguntó Althea con una risa amarga.
Al bajar del auto, su mirada se detuvo en la casa donde había vivido el último año. No le había dejado muchos recuerdos dulces, pero aun así, ella había formado parte de ese lugar. Y por eso, una parte de ella estaba agradecida; agradecida por la oportunidad de haber estado al lado de alguien tan bondadosa y auténtica como Evelyn, la abuela de Daven.
—No te olvidaré, Evelyn —susurró—. Mañana vendré a verte, pero lo siento... tal