—¡Sí! Prometo que lo voy a cuidar.
El auto volvió a quedar en silencio, ocupado solo por los suaves zumbidos del robot hasta que también se apagaron. La energía de Josh fue cediendo; bostezó largo, se recargó en el asiento y al poco rato se quedó dormido con el robot sobre las piernas.
Chase bajó la música de fondo y habló en voz baja.
—Hoy sí la pasó bien.
Althea seguía con la mirada fija en la ventanilla y respondió casi en un susurro.
—Sí. Está contento.
—Pero tú no.
Volteó hacia él y lo enco