—¿Se encuentra… bien, señor Daven? —preguntó Andy con voz preocupada mientras recorrían el mismo pasillo por el que habían llegado a la oficina de Harold.
—¿Qué clase de pregunta es esa, Andy? —Daven sonrió con ironía—. Lo que de verdad ayudaría es que nuestro transporte llegue a tiempo.
—¿A qué se refiere, señor? —Arven se volvió hacia él con expresión confundida.
Desde que salieron de la oficina de Harold, Arven había intentado, sin éxito, pedir un taxi por aplicación. Nadie respondía. Tal ve