Daven se sentó a la mesa cerca de la cocina mientras el aroma del queso derretido dominaba sus sentidos. No le quitó la mirada de encima ni un segundo. Observó a Althea moverse por la cocina con rapidez y precisión, como si ese fuera su lugar. Cada movimiento era fluido, sin esfuerzo. Como si fuera su espacio personal, como si ahí encontrara consuelo.
—Eres muy buena en esto —comentó él, rompiendo el silencio.
Althea lo miró por encima del hombro y parpadeó.
—¿Buena?
—En la cocina.
Rio entre di