Esa mañana, Daven acababa de terminar una breve reunión con su junta directiva. No había tiempo suficiente para tratar nada más: su vuelo a Solaviz estaba programado para más tarde esa misma tarde, y su reunión con Chris Miller no podía posponerse de nuevo.
—En ese caso, asegúrate de que lo que pedí me llegue por correo de inmediato —dijo Daven, recogiendo la pila de documentos frente a él. Arven ya estaba listo para seguirlo a donde fuera.
Pero justo cuando Daven estaba por salir de la sala, su